«Cycling for Kālida»: ciclismo y solidaridad para colaborar con las personas que conviven con el cáncer
“Cycling for Kālida”: ciclismo y solidaridad para colaborar con las…
Actualidad KālidaConvivir con el cáncer
A la vivencia del cáncer se le asocian varias alteraciones físicas, fruto de la propia enfermedad o de los medicamentos que se prescriben para tratarla, desde los tobillos hinchados por el cáncer, hasta las náuseas, entre otros problemas. Estos llamados efectos secundarios no siempre se producen pero cuando aparecen se pueden abordar para mitigar o evitarlos.

En esta sección, encontrarás información sobre los problemas intestinales, las náuseas, el dolor, el impacto del sol y el tratamiento de la piel, la falta de aire, los cambios en el peso, el linfedema, los pies hinchados por el cáncer, las posibles infecciones que pueden aparecer, como cuidar de la boca, los posibles daños en el sistema nervioso y la caída del cabello y cuidado del cuero cabelludo.
Los efectos secundarios más habituales
Los contenidos de esta sección están pensados para transmitirte de forma sencilla y comprensible los efectos secundarios más comunes que se asocian con el cáncer y su tratamiento. De todos modos, recuerda que la información más precisa y cuidadosa siempre la tendrá el equipo de profesionales sanitarios que te atiende a ti o a la persona de tu entorno que esté afectada por la enfermedad.
Los problemas intestinales son comunes en personas con cáncer por la enfermedad en sí, los efectos secundarios del tratamiento o los medicamentos. El estrés, la ansiedad y la depresión también afectan el intestino.
Los más comunes son el estreñimiento y la diarrea, cuando tus hábitos intestinales cambian y los síntomas son incómodos. También puedes sentir dolor, calambres o hinchazón y perder el apetito. En ocasiones se da una obstrucción intestinal (bloqueo), dificultades en el estómago o ileostomía.
Existen varias estrategias de alivio. En esta página encontrarás más información sobre los problemas intestinales y cómo controlar los síntomas durante y después del proceso oncológico.
La quimioterapia, la radioterapia y la cirugía modifican temporalmente la función intestinal. Los medicamentos, la inactividad y un cambio en la ingesta de alimentos pueden agravar el problema. Además, las infecciones pueden provocar diarrea. Como las deposiciones normales varían en cada persona, lo que cuenta es aquello que es normal para ti.
El estreñimiento ocurre cuando es difícil vaciar los intestinos y las heces son secas y duras. Es posible que te sientas hinchado e incómodo, y te resulte doloroso evacuar.
La diarrea es cuando las heces se vuelven blandas y acuosas. Si estás evacuando con frecuencia, más de tres veces al día se puede clasificar como diarrea. A menudo se acompaña de calambres, ventosidad y malestar.
Si detectas cambios en tus hábitos intestinales, analiza tus inquietudes con el médico y el equipo del hospital, ayudándoles a clasificar los síntomas y a prevenir los problemas. (Si tienes una ileostomía, es posible que necesites un consejo específico).
El estreñimiento es incómodo y puede acumularse gradualmente. El equipo médico te debe explicar si puede ocurrir y qué puedes hacer para prevenir y controlar el problema. Algunas sugerencias para mitigarlo:
Si los síntomas persisten, informa al médico, ya que el estreñimiento puede causar complicaciones. El intestino puede verse afectado (bloqueado por heces duras) y, a veces, es un síntoma de otros problemas relacionados con el cáncer.
A veces, la diarrea puede resultar más angustiosa que el estreñimiento. A la necesidad de ir recurrentemente al baño se añade el malestar general. En otras ocasiones es un efecto secundario leve y temporal. No lo debes ignorar, puede provocar deshidratación y otros problemas relacionados. Por normal general, te pueden ser útiles estos consejos:
Las náuseas y los vómitos son los efectos secundarios que la mayoría asocia con el proceso oncológico, especialmente con medicamentos de quimioterapia específicos y la radioterapia en el cerebro o el abdomen (barriga). Otros tratamientos, incluida la terapia hormonal, los bisfosfonatos, las terapias biológicas y los analgésicos causan náuseas leves, que generalmente se controlan o desaparecen con el tiempo.
Los medicamentos antieméticos recetados por el equipo del hospital o el médico de cabecera son una estrategia para sentirse menos mareado. Además, te proponemos estas pautas:
· Informa al equipo médico si te sientes o estás mal para que valore un cambio en la medicación, investigue otras posibles causas y se asegure de que bebes suficientes líquidos, algo especialmente importante durante el tratamiento.
· Toma el medicamento contra náuseas y vómitos según lo recetado e informa al equipo de atención médica si no está funcionando para que puedas probar algo diferente.
· Toma el medicamento contra las náuseas 30 minutos antes de la hora de comer.
· Consume comidas ligeras y poca cantidad durante el día, especialmente cuando haces los tratamientos de quimioterapia.
· Come despacio y mastica bien los alimentos para facilitar la digestión.
· Come alimentos frescos, suaves y reconfortantes hasta que veas cómo te sientan.
· Come tostadas, galletas saladas y cereales para calmar el estómago.
· Bebe líquidos después de las comidas, nunca durante, para evitar sentirte lleno.
· Prueba técnicas de relajación y respiración lenta y profunda cuando te sientas mal.
· Consume alimentos fríos o alimentos del congelador que solo necesitan calentarse si el olor a comida te revuelve el estómago.
· Si es posible, deja que otra persona cocine.
· Toma alimentos que contengan jengibre, como té o galletas.
· Bebe (moderadamente) bebidas gaseosas.
· Bebe té de menta o mastica menta.
· Pregunta a tu equipo de atención médica sobre el uso de bandas de mar.
También hay cosas que debes evitar si sufres náuseas y vómitos:
· No esperes hasta sentirte mal antes de empeza a tomar medicamentos contra el malestar.
· Lugares con humo u otros olores fuertes.
· Perfumes fuertes o productos para después del afeitado (aftershave, en inglés).
· Comer tus comidas favoritas cuando te sientes mal.
· Comer o preparar alimentos cuando te sientes enfermo.
· Beber al mismo tiempo que comer.
· Alimentos fritos, dulces y/o picantes.
· Zumo de naranja o pomelo que puede irritarte el estómago.
Es posible que te sientas aislado y de mal humor: las náuseas son un recordatorio físico de lo que te sucede y son difíciles de controlar. Puedes visitar Kālida, unirte a nuestro foro virtual para hablar con nuestros profesionales sobre los síntomas que experimentas, y obtener apoyo y asesoramiento. Los ejercicios de relajación ayudan a aliviar las náuseas y conocerás a otros pacientes oncológicos que comprenden cómo te sientes.
Cuando tengas dudas o preguntas es importante buscar consejo médico, a través de los médicos del hospital, el equipo de oncología, la enfermera especializada o el de cabecera.
· Si vomitas y no puedes retener los medicamentos recetados o los líquidos, es posible que no recibas el tratamiento que necesitas o te estés deshidratando.
· Si los vómitos son violentos, estás enfermo por más de uno o dos días o si las náuseas y vómitos son un síntoma nuevo.
· Tienes fiebre y/o malestar general.
Si anotas los síntomas y cualquier cosa que los mejore o empeore, podrás discutirlo con el equipo médico del hospital / médico de cabecera / enfermera especializada.
El dolor no afecta a todas las personas con cáncer, pero es un síntoma que preocupa a la mayoría. Es una sensación física desagradable consecuencia de la enfermedad y, a veces, efecto secundario del tratamiento.
Esta página facilita información sobre las formas de controlar el dolor durante y después del tratamiento.
Su origen depende de dónde está el cáncer y a qué partes del cuerpo afecta. También hay molestias no relacionadas con la enfermedad que ocurren durante el proceso oncológico y generan ansiedad.
Los tratamientos a veces dan malestar. Por ejemplo, la cirugía genera dolor posoperatorio temporal y alguna quimioterapia, lo desencadena en los nervios (neuropatía).
El mal puede empeorar si estás ansioso, estresado o de mal humor. Es posible que lo soportes y sea difícil hablar de él. Aún así, informa a tu equipo de atención médica para que te ayude a aliviar los síntomas. Casi todas las molestias relacionadas con el cáncer se tratan de manera eficaz con una variedad de estrategias disponibles.
El dolor es difícil de especificar a los demás. Piensa en los siguientes factores:
· ¿Cómo es de intenso? Es posible que debas calificarlo en una escala de 0 a 10, siendo 0 sin dolor y 10 el peor que hayas sentido.
· ¿Con qué frecuencia lo sientes, durante cuánto tiempo y en qué momento del día suele ser menos o más intenso?
· ¿Está localizado en un punto o en varios? ¿Puedes señalar dónde lo tienes?
· Trata de describir el dolor: ¿es ardiente, agudo, punzante o tienes más de uno?
· ¿Qué mejora o empeora el dolor? Por ejemplo, ¿en movimiento, en reposo, de pie, sentado?
En la última década se han realizado avances significativos para prevenir, controlar y aliviar por completo el dolor de las personas con cáncer. La mayoría recibe tratamiento con medicamentos, pero otras opciones incluyen cirugía, radioterapia o neurocirugía.
Cuando se identifica qué causa el dolor, hay que elegir la opción correcta. Puede haber un período de prueba y error mientras se encuentra el fármaco y la dosis adecuados. Los analgésicos se administran en forma de píldoras, líquidos, supositorios, parches para la piel, pastillas o inyecciones.
Para el dolor leve suele ser suficiente una dosis de aspirina, paracetamol o ibuprofeno. Consulta con el equipo de atención médica antes de tomar cualquier medicamento, porque puede interactuar con cualquier tratamiento contra el cáncer.
Si el dolor no se alivia con fármacos de venta libre, el siguiente paso es uno más fuerte: opioides como la codeína, morfina, fentanilo y hidromorfona, es decir basados en opio. También existen otros medicamentos que alivian el dolor en los nervios y los huesos.
Todos los fármacos deben revisarse periódicamente (incluidos los de venta libre) con el equipo médico para minimizar riesgos en las combinaciones y cantidades suministradas.
Los analgésicos pueden causar efectos secundarios, como somnolencia, estreñimiento, diarrea y problemas gástricos. También puede afectar la capacidad para conducir, además de sentirte agotado físicamente. Si sufres alguno, informa a los médicos, ya que a menudo se controla mediante cambios en la dosis o el tipo de fármaco.
En ocasiones, los analgésicos pueden ser adictivos. Si estás tomando uno fuerte y te preocupa lo que suceda, habla con el médico. Los medicamentos, administrados adecuadamente, sirven para controlar el dolor sin provocar adicción.
Si tienes dolor intenso y los medicamentos anteriores no te han ayudado, pregunta al equipo médico sobre la derivación a un profesional de la salud especializado en el control del dolor.
Los ejercicios de visualización, relajación y respiración, los masajes, la acupuntura, la musicoterapia y el apoyo psicológico alivian el dolor. No lo tratan en sí, pero ayudan a afrontar los síntomas de angustia.
La estimulación nerviosa eléctrica, pequeñas descargas a través de la piel, también se usa en algunas circunstancias, así como compresas frías o calientes.
Kālida también te ayuda a saber más sobre la gestión del dolor y los tratamientos sin medicamentos. Pregunta por la gama de terapias y relajación disponibles.
· Toma tus analgésicos con regularidad y antes de que el dolor se vuelva intenso.
· Toma anti-náuseas y ablandadores de heces y/o laxantes recomendados por el equipo de atención médica.
· Aprende a describir tu dolor para que al equipo de atención médica le sea más fácil entender cómo te sientes.
· Lleva un registro de tus medicamentos y el nivel de dolor.
· Informa al médico sobre cualquier efecto secundario, si el dolor empeora o si tienes problemas intestinales o de vejiga.
· Prueba técnicas sin medicamentos o actividades divertidas y practica la relajación.
Habla con tu médico sobre el dolor que experimentas. Es posible que no esté relacionado con el cáncer, pero si es por la enfermedad y sus tratamientos, hay muchos medicamentos y apoyos disponibles para ayudarte.
Si estas recibiendo o has recibido un tratamiento contra el cáncer, es posible que te aconsejen evitar la luz solar directamente en la piel.
En algunos casos, ciertos medicamentos y afecciones médicas provocan fotosensibilidad, cuando la piel se vuelve más sensible a los rayos ultravioleta del sol.
Obtén más información en Kālida sobre los tratamientos contra el cáncer que la causan. Te proporcionamos consejos para estar al sol mientras proteges la piel.
La luz del sol mejora el estado de ánimo y es una fuente de vitamina D, pero también puede causar fotosensibilidad por efecto de la quimioterapia, la radioterapia, ciertos antibióticos, los antiinflamatorios no esteroideos y otros medicamentos. La respuesta de cada persona a la luz solar después de la terapia es diferente, pero incluso si normalmente la toleras, ahora podría afectarte.
Tu equipo de atención médica debe aconsejarte cuál de tus tratamientos puede causar sensibilidad a los rayos UV y cómo debes cuidar la piel.
Sus efectos pueden hacerte sensible a la luz solar durante el tratamiento y hasta un par de meses después de que haya finalizado.
Debes proteger especialmente cualquier área irradiada. La luz solar estimula el recuerdo de los efectos secundarios originales de la radioterapia en la piel. Incluso cuando los efectos agudos se han curado, aún podría ocurrir los primeros años tras el tratamiento. La sensibilidad también puede ser permanente. Es aconsejable cubrir el área con ropa suelta y usar un protector solar con alto factor de protección.
Cualquier persona que desarrolle linfedema después del tratamiento del cáncer recibe consejos de su equipo médico para evitar quemaduras solares o picaduras de insectos en la extremidad afectada. Si ocurre, puede causar inflamación (hinchazón), infección o celulitis y necesitar altas dosis de antibióticos.
Si bien debes ser más cuidadoso durante y después del tratamiento, no significa que debas evitar el sol por completo. Con simples precauciones, lo disfrutarás mientras proteges la piel:
· Evita el sol entre las 10 y las 15 horas, cuando está en su punto más intenso y peligroso. Lo más saludable es tomar el sol antes de las 10 o después de las 16. Recuerda que los rayos UV también están en días nublados, en los que conviene un cuidado adicional.
· El factor de protección de las cremas solares debe ser al menos de FPS 30. Unas funcionan mejor que otras y la química de algunas puede ser irritantes para tu piel, ya sensible. Desecha el envase del año pasado, pierde efectividad.
· No confíes solo en el protector solar, usa sombreros de ala ancha y ropa holgada para proteger las áreas sensibles. Esto es particularmente importante si estás junto al mar y la playa. Si has experimentado pérdida de cabello, un pañuelo debajo del sombrero protege mejor el cuero cabelludo sensible.
· Hay bloqueadores solares disponibles que pueden ser efectivos. Consulta con tu oncólogo o enfermera especialista qué productos te recomiendan como los más seguros cuando estás con quimioterapia. Protege también tus labios, hay protectores solares específicos.
· Encuentra un lugar a la sombra debajo de un árbol o de una sombrilla.
· El sol puede dañar tus ojos, usa mejor gafas de sol con protección UV.
· Bebe muchos líquidos para mantenerte hidratado y fresco.
· Las piscinas con cloro pueden causar sensibilidad. Si nadas, dúchate después. A algunas personas les recomiendan no nadar durante el tratamiento, así que mejor que consultes al equipo médico.
· Evita los perfumes y los productos químicos, hacen que tu piel sea más sensible.
Si te quemas, te aparecen ampollas o una erupción cutánea, ponte en contacto con el médico de cabecera y con el equipo de oncología. Podrías necesitar antibióticos para evitar una infección
La insuficiencia respiratoria (o falta de aire) es agotadora físicamente y también causa pánico. Más de la mitad de las personas con cáncer la experimentan en algún momento mientras reciben tratamiento o conviven con la enfermedad.
Es posible que oigas a los médicos hablar de la “disnea”, que significa dificultad para respirar. En esta página encuentras información sobre las eficaces formas de controlar esta patología durante y después del proceso oncológico.
La falta de aire puede variar: a veces causa palpitaciones y otras te deja sin aliento al subir escaleras o hacer las tareas del hogar. De vez en cuando dificulta hacer cualquier esfuerzo y esa sensación provoca pánico. Como el miedo dificulta a su vez la respiración, se convierte en un círculo vicioso.
Hay diversas causas de la falta de aire: anemia, efectos secundarios del tratamiento, infecciones del pecho, líquido en los pulmones o el abdomen y a veces problemas cardíacos. También la provoca el cáncer de pulmón, el que se ha extendido al pulmón o el mesotelioma.
Si tienes dificultad para respirar durante el esfuerzo o en reposo, habla con tu equipo médico para que identifique la causa y ofrezca el tratamiento adecuado: existen muchas formas de gestionar y controlar la falta de aire de forma eficaz.
Los cambios de peso son naturales y no deberían ser motivo de preocupación. Sin embargo, una mayor pérdida o aumento puede afectar la salud y bienestar general. Esta página te facilita información y sugiere formas de controlar las variaciones de peso durante y después del proceso oncológico.
Generalmente, la pérdida es más habitual que el aumento, pero el cambio en sí puede ser un recordatorio de lo que te sucede. También puede variar la forma del cuerpo, perder masa muscular o aumentar la cintura. Algunos efectos son temporales, se rectifican una vez finalizado el tratamiento. En cualquier caso, si pierdes o ganas una cantidad significativa de peso y te preocupa, habla con tu equipo de atención médica.
Algunas personas pierden peso con el cáncer. Probablemente sea el primer síntoma que las lleva al médico, porque la enfermedad puede afectar el apetito o la capacidad para masticar o tragar. En el cáncer más avanzado es más común y, a menudo, se acompaña de fatiga y debilidad. Las causas incluyen náuseas, vómitos, diarrea, dificultad para comer, dolor, mal humor o ansiedad.
El aumento de peso también es habitual. Puede ser por el tamaño de un tumor, la retención de líquidos o el estreñimiento. Y puede ser inesperado antes, durante y después del proceso oncológico, porque se acostumbra a hacer menos ejercicio, diversos medicamentos retienen líquidos (y favorecen el aumento de peso) y algunos incluso dan hambre mientras el metabolismo se ralentiza.
Durante el tratamiento, los niveles de energía pueden verse afectados y la capacidad para hacer ejercicio, reducirse. La quimioterapia, los esteroides y otros medicamentos pueden engordar. La terapia hormonal, cuyo objetivo es reducir los niveles hormonales, puede incrementar la grasa, disminuir el tono muscular y, en definitiva, cambiar la figura.
Los cambios de peso desmoralizan, porque es un recordatorio visual de lo que sucede en un tema muy sensible. Psicológicamente, puedes sobrellevar la situación comiendo. Es una reacción emocional. Nunca pierdas de vista que sigues siendo «tú».
A continuación te proponemos estrategias para controlas los cambios de peso:
Visita Kālida y pregunta sobre los talleres y cursos que ofrecemos para ayudarte a nivel nutricional. También podrás encontrar libros e información disponible en la biblioteca, puedes hablar con otras personas sobre tus sentimientos e intercambiar experiencias o consejos.
Visita Kālida para obtener ayuda, más información y disfrutar de nuestras actividades, como yoga, tai-chi, horticultura social y marcha nórdica. También recibirás el apoyo de nuestro equipo y de otras personas con cáncer, que entienden cómo te sientes.
Si la pérdida o el aumento de peso es un síntoma nuevo y te preocupa, habla con el médico.
Los problemas de peso tienen un impacto tanto emocional como físico. Si afecta a tu estado de ánimo o te sientes preocupado o deprimido por los cambios físicos, solicita más ayuda. El médico de cabecera y tu equipo oncológico te pueden derivar a un dietista. En Kālida te ofrecemos apoyo y escucha.
Si tus extremidades se hinchan y tu movilidad es más restringida, la retención de líquidos podría ser el problema. Revisa este síntoma rápidamente, ya que es posible que necesites control y apoyo adicionales.
Los cánceres y sus tratamientos a veces causan hinchazón en los tejidos bajo la piel. Afecta a brazos, piernas u otras partes del cuerpo. Se llama linfedema y puede aparecer meses o años después del proceso oncológico. Si el linfedema se detecta temprano, el tratamiento ayuda a prevenir que se desarrolle más y mantiene los síntomas bien controlados.
Algunos tratamientos contra el cáncer que implican cirugía o radioterapia en los ganglios linfáticos, pueden desarrollar linfedema si éstos han sido extraídos o dañados. Ocasionalmente, el cáncer en sí mismo causa el problema.
Los síntomas a tener en cuenta son la hinchazón de cualquier parte del cuerpo, generalmente un brazo o una pierna. Es posible que resulte incómodo porque la sensación de pesadez restringe los movimientos. También puede afectar tu estado de ánimo, es un recordatorio visual de lo que has pasado.
En esta página obtienes más información sobre el linfedema relacionado con el cáncer, su prevención y tratamiento antes, durante y después del proceso oncológico.
Todos tenemos un sistema linfático en el cuerpo, una serie de canales de drenaje y ganglios linfáticos muy pequeños. Nos mantiene sanos al eliminar los productos de desecho, las bacterias y el exceso de líquido, y protege de las infecciones. Cuando los canales se bloquean, puede aparecer la hinchazón.
El linfedema es una inflamación a largo plazo de los tejidos y no debe confundirse con la inflamación temporal en los días posteriores a una cirugía. Los tratamientos para ciertos cánceres tienen más riesgo de desarrollar linfedema, entre ellos las cirugías de mama, ginecológica, pélvica, de cabeza y cuello y la radioterapia, especialmente si los ganglios han sido extirpados o dañados. A veces, el cáncer en sí bloquea el drenaje linfático.
Los síntomas incluyen hinchazón, pesadez y dolor en el área afectada. Por ejemplo, alguien a quien le extirparon los ganglios de la axila experimenta hinchazón de los dedos, la mano y/o el brazo. El linfedema también puede tener un impacto emocional, al ser un recordatorio visual del proceso oncológico.
Gestionar el linfedema
A continuación, algunas pautas que reducen el riesgo de linfedema:
A pesar de las precauciones, algunas personas desarrollan linfedema. Por ejemplo, puedes notar hinchazón, pesadez o dolor en una extremidad o en una zona donde has recibido tratamiento contra el cáncer. Si crees que tienes síntomas, habla con el médico de cabecera o equipo de atención médica, ya que un diagnóstico a tiempo retrasa su aparición y es probable que te deriven a un especialista en linfedema para recibir tratamiento.
Para el linfedema detectado a tiempo, el objetivo del tratamiento es reducir la hinchazón, ayudar a prevenir infecciones, fomentar una alimentación saludable y el ejercicio. Se te dará una serie de ejercicios para ayudarte con el movimiento y aliviar los síntomas.
La enfermera especializada te enseñará un masaje suave / drenaje manual para reducir la hinchazón. Es posible que te coloquen una prenda de «compresión», como una manga, un guante o una media, según la zona afectada, que favorece el drenaje. Para casos graves, el programa de tratamiento es más intensivo: drenaje linfático, vendajes de compresión, fisioterapia y cuidado de la piel.
Afrontar los sentimientos relacionados con el linfedema puede ser difícil. Es un recordatorio diario del cáncer y su tratamiento, y es posible que te sientas cohibido al usar las prendas de compresión o que tu extremidad esté hinchada.
Hablar sobre tus sentimientos ayuda a sentirte menos solo, sabes que otros pasan por la misma experiencia. En Kālida te ayudamos a gestionar tus emociones y puedes aprender sobre ejercicio, relajación, control del estrés y alimentación saludable para controlar el impacto físico y emocional del linfedema.
Cuándo buscar más ayuda
Si presentas signos de infección en esa zona, como calor, enrojecimiento, hinchazón o fiebre, informa a tu médico de cabecera, enfermera especializada o equipo del hospital. Ellos te indicarán si tu situación requiere tomar antibióticos.
Vivir con linfedema a veces desencadena sentimientos de depresión y baja autoestima. Habla con el médicos; ellos comprenden qué sientes y pueden derivarte para obtener más apoyo.
La infección es un efecto secundario grave del proceso oncológico. Muchos tratamientos que destruyen las células cancerosas también reducen la capacidad de los glóbulos blancos (neutrófilos) para combatir otras complicaciones. El cuerpo es más vulnerable a virus y hongos bacterianos.
Durante y después del cáncer las infecciones, que normalmente se controlan sin problemas, se pueden complicar e incluso ser potencialmente mortales. Una menos grave, si requiere tratamiento médico, también puede retrasar la terapia contra el cáncer.
Es importante reconocer los signos de infección e informar de inmediato a tu equipo de atención médica para que te trate rápidamente, evite infecciones graves y retrasos en los tratamientos.
La médula ósea produce los neutrófilos (un tipo de glóbulo blanco). Medicamentos de quimioterapia y alguna radioterapia, por ejemplo en la columna, la pelvis o el esternón, la pueden dañar. El riesgo de infección aumenta si la cantidad de neutrófilos cae por debajo de lo normal.
Cuando los neutrófilos están bajos, se denomina neutropenia. Si los niveles son inferiores a 1,5, estás “neutropénico», muy vulnerable a las infecciones y al desarrollo de una enfermedad grave llamada sepsis neutropénica o septicemia (intoxicación de la sangre) en la que grandes cantidades de bacterias entran en el torrente sanguíneo.
El tipo o la dosis de quimioterapia recibida puede aumentar el riesgo de desarrollar neutropenia. También si tienes recuentos bajos de glóbulos blancos, otra afección que afecta el sistema inmunológico, más de 65 años o has recibido previamente quimioterapia o radioterapia.
Hay ciertos momentos en cada ciclo de tratamiento en los que la médula ósea, que produce los glóbulos blancos, es la más afectada. Esto suele comenzar una semana después del inicio de la terapia y dura hasta que la médula ósea se recupera gradualmente, de 3 a 4 semanas después. El médico/enfermero especialista te puede informar sobre los efectos de tu tratamiento particular.
El riesgo de infección existe mientras la cantidad de neutrófilos es baja. Es posible que te sientas particularmente cansado durante este tiempo.
El recuento sanguíneo se controla con regularidad a lo largo del proceso oncológico. A veces, la quimioterapia se retrasa para permitir que se recuperen los neutrófilos. A menudo una semana es suficiente, pero a veces se reduce la dosis para permitir que la terapia avance de forma segura.
Si desarrollas una infección, generalmente te harán un análisis de sangre y lo tratarán con antibióticos. En algunos casos, requiere el ingreso hospitalario para recibir antibióticos más fuertes e intravenosos (a través de un goteo o una jeringa en una vena).
No todas las complicaciones se previenen, sin embargo, informar al equipo médico de cualquier signo de infección a tiempo, permite que recibas un tratamiento inmediato y reduce el riesgo de problemas graves.
Hay tres cosas principales para recordar:
Pregunta al médico o al enfermero especialista a qué síntomas debes estar atento tras cada ciclo de tratamiento.
El tratamiento de quimioterapia es particularmente probable que cause neutropenia. El equipo de atención médica puede recomendar medicamentos llamados factores de crecimiento, que estimulan la médula ósea para producir glóbulos blancos y prevenir infecciones. También se usan para administrar dosis más altas de quimioterapia sin aumentar el riesgo de infección, pero no se recetan de forma rutinaria: no son adecuados para todos los fármacos y también tienen sus propios efectos secundarios (dolor de huesos, fatiga, fiebre y pérdida del apetito).
Tener una infección o un recuento bajo de neutrófilos retrasa el tratamiento o reducir la dosis de quimioterapia. No todas las infecciones se previenen, pero notificar cualquier signo de infección lo antes posible permite recibir un tratamiento rápido y reduce el riesgo de problemas graves.
Algunos tratamientos contra el cáncer, incluida la quimioterapia y la radioterapia (en la cabeza y el cuello), causan dolor y/o sequedad en la boca. A veces, provocan infecciones. También afecta al apetito y la capacidad para comer y beber. Es comprensible que si la boca está sensible y dolorida, el estado de ánimo también se vea afectado.
Un dolor o sequedad en la boca no siempre se puede prevenir, pero informar al equipo médico desde el principio de cualquier problema bucal permite tratar los síntomas rápidamente. Hay pasos que sirven para reducir el riesgo durante el tratamiento y aliviar las molestias.
En esta página obtienes más información sobre el cuidado bucal y el cáncer. Nos centraremos en las formas de prevenir y controlar los síntomas, y te informaremos de qué puede hacer Kālida para ayudarte.
Si te diagnostican cáncer, absorbes una gran cantidad de información sobre los detalles de la enfermedad y los efectos secundarios de la terapia que podrías experimentar. Los problemas bucales parecen un problema menor, pero son incómodos. Cuando estés en tratamiento, el equipo de atención médica analiza la importancia del cuidado bucal, porque algunos causan dolor o sequedad en la boca.
Con la quimioterapia y los trasplantes de médula ósea, el revestimiento de la boca puede verse afectado y provocar úlceras, dolor en la boca y las encías y causar infecciones. La radioterapia, especialmente en la cabeza y el cuello, también los puede causar: hinchazón, enrojecimiento y llagas en los labios, lengua y boca. Se denomina mucositis.
A veces, el apetito se altera porque los tratamientos cambian el sabor del alimento. La boca seca y la incomodidad también dificultan la comida y la bebida. Algunos medicamentos contra el cáncer, incluidos los analgésicos, también resecan y, en ocasiones, dan mal aliento.
Mantener la boca húmeda, limpia y saludable previene los problemas y permite sentirse más cómodo. A veces, a pesar de los cuidados, aún experimentas dolor bucal. Informa al médico sobre cualquier síntoma, ya que puede recetar medicamentos y enjuagues.
Al empezar un tratamiento o cuando el cáncer afecta la boca, si adoptas las precauciones siguientes puedes prevenir y aliviar los síntomas:
Atención a la mucositis, cuando el revestimiento de la boca se daña temporalmente. Los síntomas son la sensibilidad a los alimentos calientes, fríos y picantes; manchas blancas o una capa blanca en áreas de la boca, incluida la lengua y sangrado, dolor o sequedad. Informa a tu equipo de atención médica rápidamente para que pueda detectar una posible infección y dar medicamentos o enjuagues bucales para aliviar los síntomas.
Si experimentas hormigueo, ardor o dolor en las manos y los pies, debilidad muscular, entumecimiento o sensibilidad en las extremidades, es posible que tengas daño en los nervios. La neuropatía periférica es un efecto secundario de los tratamientos contra el cáncer que no le ocurre a todo el mundo, pero los síntomas son preocupantes si no se explican. A menudo son temporales aunque también pueden ser, en algunas ocasiones, duraderos o permanentes.
Es conveniente hablar sobre cualquier efecto secundario que experimentes con tu equipo de atención médica para evitar que empeore. En esta página obtendrás información sobre la neuropatía periférica y las formas de controlarla durante y después del proceso oncológico.
Tenemos nervios en todo el cuerpo. Los nervios del cerebro y la médula espinal se clasifican como el sistema nervioso central (SNC). Todos los demás pertenecen al sistema nervioso periférico. Cuando estos nervios superficiales se dañan o lesionan, a consecuencia de algunos medicamentos de la quimioterapia, la radioterapia o terapia biológica y ocasionalmente de alguna cirugía, se denomina neuropatía periférica. También la puede provocar el cáncer en sí u otras enfermedades no relacionadas con el proceso oncológico, como la diabetes, los problemas de tiroides y las deficiencias nutricionales.
Los síntomas de la neuropatía periférica incluyen entumecimiento, pérdida de sensibilidad u hormigueo en la parte del cuerpo afectada. Con algo de quimioterapia, por ejemplo, lo puedes notar particularmente en las manos y pies. A veces, el sistema digestivo se ve afectado y causa estreñimiento. Otros se quejan de pérdida de audición. El equipo de atención médica conoce los efectos secundarios de ciertos medicamentos y te informa si los debes tener en cuenta.
Otros síntomas dificultan algunos movimientos. Por ejemplo, abrocharse los botones, problemas para caminar o sensibilidad adicional con la ropa y los zapatos. A veces, el calor o el frío, comer o beber desencadenan síntomas temporales.
La clave es informar al médico o enfermera especializada sobre cualquier síntoma nuevo que experimentes. En ocasiones, el daño en los nervios puede desarrollarse o empeorar más adelante, pero generalmente ocurre durante o poco después del tratamiento. Si bien suele ser un efecto secundario temporal, para algunas personas el daño, en algunas ocasiones, puede ser duradero o permanente.
Hay cosas que puedes hacer para controlar los síntomas, especialmente si sabes qué los está causando. Aquí van algunas sugerencias para ayudarte a sobrellevar el problema:
La neuropatía periférica afecta física y emocionalmente. Si te sientes retraído, lloroso o deprimido, informa al médico de cabecera y al equipo hospitalario, porque hay ayuda disponible.
Si los síntomas te causan problemas de movilidad, probablemente necesites ayuda adicional en casa. Aunque te resistas a hacerlo, mejor pide a los médicos que te deriven a los servicios sociales para evaluar si tienes derecho a ello.
Muchos (pero no todos) los tratamientos contra el cáncer provocan la caída del cabello o lo vuelven más fino. Por lo general, crecerá después del tratamiento, sin embargo, su pérdida es un momento muy emocional y, para muchas personas, cuando se sienten más vulnerables.
En esta página obtendrás información sobre la pérdida del cabello después del proceso oncológico, cómo sobrellevar la alopecia de manera práctica y emocional y consejos para su cuidado cuando vuelve a crecer.
La alopecia se produce como resultado de muchos tratamientos contra el cáncer, incluidos algunos tipos de quimioterapia, radioterapia y terapias biológicas, pero no todos. La mayoría de las pérdidas tampoco son permanentes.
La pérdida relacionada con la quimioterapia suele comenzar de 10 a 14 días tras la primera dosis. Para algunas personas el cabello se queda más fino, otras lo pierden totalmente. Algunos tipos o dosis en particular también afectan a las cejas, pestañas y el vello corporal, incluido el púbico.
La radioterapia provoca alopecia solo en el área tratada, la parte del cuerpo donde entran y salen los haces de rayos. Es probable que vuelva a crecer después, aunque depende de la cantidad de tratamiento recibido.
No siempre es posible saber de antemano qué ocurrirá; sin embargo, puedes preguntarle al equipo médico qué probabilidades hay en tu caso para prepararte para ello. Generalmente el cabello vuelve a crecer, a veces incluso antes de que termine el tratamiento. A menudo, la textura y el color del nuevo serán ligeramente diferentes.
Algunos centros sanitarios ofrecen el enfriamiento del cuero cabelludo para prevenir la pérdida de cabello relacionada con la quimioterapia. Es más probable que funcione con algunos medicamentos y dosis de quimioterapia que con otros, y no todos los hospitales lo ofrecen. Si estás interesado, pregunta al equipo médico si hay disponibilidad, qué implica y si es adecuado para ti.
Por mucho que estés preparado, es probable que te angustie la caída del cabello, especialmente si aparecen mechones cada vez que lo cepillas o lavas. Si cortas o afeitas el pelo, controlas algo el proceso. Si lo tienes largo, quizás quieras considerar donar tu cabello a una organización para usarlo en pelucas o extensiones.
El cabello protege el cuero cabelludo. Evita exponer la cabeza a la luz solar intensa porque está más sensible de lo habitual, sensibilidad que puede aumentar con ciertos medicamentos. Usa cremas de protección solar (verifica antes de usarla si recibes tratamiento en el cuero cabelludo) o cúbrete con pelucas, bufandas, pañuelos o gorros.
No perdemos más calor a través de la cabeza que otras partes del cuerpo. Sin embargo, si la dejas expuesta y el resto está envuelto, notarás frío más rápido y todavía más en un clima fresco. Un gorro o redecilla para abrigar es una buena idea.
Muchas personas afrontan la pérdida y cambian su apariencia con una peluca. Incluso si no piensas usarla a diario, es reconfortante saber que la tienes para ocasiones especiales. Una boda, una fiesta o cuando no quieras dar explicaciones a quien no has visto desde hace tiempo.
Hay distintos tipos de pelucas (sintéticas, naturales…) y lugares donde adquirirlas (tiendas especializadas o organizaciones sociales especialiazadas. Consulta en el Centro Kālida y te explicaremos dónde encontrar gratuitas o debes pagar algo por ellas, según el lugar donde vivas. Si planeas usar una, visita un distribuidor antes de perder el cabello para encontrar una parecida a tu pelo natural. O elige una completamente diferente. La misma tienda o tu peluquero también sabrán aconsejarte sobre el peinado y cuidado.
Si prefieres no usar pelucas o simplemente quieres alternar con otras opciones, ten cerca sombreros, pañuelos, bufandas y turbantes.
Cuando el cabello vuelve a crecer suele tener un tono y una textura diferentes y puede ser más rizado o más liso que antes, por los niveles más bajos de proteínas. Habitualmente es temporal: con el tiempo la mayoría recupera el color y textura habitual.
Los cambios en los niveles de proteína en el cabello afectan la absorción del tinte y el cuero cabelludo también está más sensible, incluso si lo habías usado antes. Es recomendable no dar color, teñir ni realizar la permanente durante los seis meses posteriores al tratamiento. Busca consejo profesional antes de hacerlo.
Tu nuevo cabello será delicado, así que para protegerlo mientras crece, cepíllate suavemente y si usas secador, a baja temperatura.
La alopecia es una señal muy visible del cáncer. Se trata de una experiencia profundamente personal y perturbadora para la mayoría. Es posible que sientas que pierdes la identidad cuando ocurra y, en consecuencia, estés más vulnerable.
Habla con tu equipo médico o ven a Kālida. Organizamos talleres con personas que se enfrentan a la alopecia para compartir experiencias y aprender formas prácticas y emocionales de controlar la caída del cabello. En nuestros talleres de estética oncológica damos consejos de belleza, cuidado de la piel y las mucosas para ganar confianza y mejorar la imagen corporal durante o poco después del tratamiento contra el cáncer.
En la Fundación contra el Cáncer Kālida estamos aquí para acompañarte, tanto si te han diagnosticado un cáncer, si esperas resultados, has sufrido una recaída, estás en tratamiento o eres familiar de una persona con cáncer.
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